La Condena

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Las lapas vuelan en busca de algún otro almendro que las proteja. Los monos, asustados, pasan veloces de rama en rama buscando un sitio seguro en medio del caos y el bullicio. Los pájaros viajan desorientados hacia otro parche de bosque. Los tepezcuintles, los tigrillos, las ranas y las serpientes se pierden aturdidos entre los árboles. Las chicharras y los grillos callan. Las nacientes derraman sobre la selva un llanto de despedida. Se siente un aire distinto, un aire de destrucción en nombre de un supuesto bienestar de los humanos.

Las sierras arrancan y su ruido anuncia devastación. El olor a combustible inunda el sitio. La gran humareda del tractor viaja contra viento, mientras inicia la tala masiva, que algunos, en su afán de hacer negocios, prefieren llamarle Plan de Manejo.

La esperanza del verdor, de aire fresco, de animales y plantas en sus hábitats inalterados, las aguas claras corriendo por entre el bosque para alimentar luego al San Juan, el corredor en donde vivirían miles de individuos que festejan la vida; todo ello corre grave peligro.

Los murmullos sobre el inicio de la tala llenan las calles de la ciudad. La indiferencia y la desesperanza carcomen a la población y se extiende hacia la llanura, al menos de momento, ahora que no se ven los daños. El bosque, indefenso, está a punto de perder la batalla contra un monstruo devorador de vida y generador de ambiciones. Un gigante que ha recibido el respaldo de personas que engordarán sus billeteras y comprometerán el agua de sus hijos.

Los truenos hacen temblar la tierra y el aguacero invita a las ranas a acompañar, como coro, la canción del cielo. Pululan cánticos de vida en Crucitas.

No se sabe si esta noche el bosque celebra la vida o más bien, llora su último aguacero.



Actualización: el gobierno de la Paz con la Naturaleza, liderado por el Premio Nobel de la Paz, Oscar Arias Sánchez, y Roberto Dobles, Ministro de Ambiente Energía y Telecomunicaciones, en el país que se promociona ante el mundo sin ingredientes artificiales, han decidido que es de interés suyo y mío y de todos los costarricenses y de conveniencia nacional, el talar 191 hectáreas de bosque primario y secundario en Crucitas de Cutris. Con esta medida llena de democracia y amor por la conservación, Arias y Dobles demuestran lo coherentes que son con la fama de la Paz con la Naturaleza y con la prohibición de cortar almendro en todo el país.
Hoy es un día muy triste para San Carlos, para Costa Rica, para el ambiente y para las personas que en el futuro nos pidan explicaciones por esta destrucción.

ver declaratoria en La Gaceta

3 comentarios:

sancarlena77 dijo...

Ay Jaguar, no tenès idea lo que hemos llorado este fin de semana, de rabia e impotencia. No es posible tanta desfachatez

jaguar del Platanar dijo...

Es difícil tener esperanza en estas condiciones... esperamos la colaboración de gente que apoya iniciativas de conservación. Organizaciones que protegen a las lapas, acá se están volando cientos de almendros, Organizaciones pro agua, las nacientes se van pal carajo, Organizaciones defensoras de los animales, toda la fauna que vive en esas 191 hectáreas para donde se irán?

Ojalá llegue apoyo de ellos y de organizaciones fuera de Costa Rica.

xXxOlivierxXx dijo...

Ni modo, todo es parte del apocalypsis buahahaha, no en serio, viendo a como esta todo lo mejor es a estas alturas detener la procreacion, yo no quiero que mis hijos sufran en el "futuro" por lo que hoy se forja T_T

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