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Pronunciamiento Conferencia Episcopal sobre Crucitas

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PRONUNCIAMIENTO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA
SOBRE LA MINERÍA METÁLICA A CIELO ABIERTO Y EL PROYECTO LAS CRUCITAS
“La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo” Benedicto XVI (Caridad en la Verdad, n.º 51).



1. Como ciudadanos y Pastores de la Iglesia Católica de Costa Rica, sentimos el deber de iluminar acerca de la declaratoria de interés público y conveniencia nacional del proyecto de minería química a cielo abierto ubicado en Las Crucitas de Cutris de San Carlos, provincia de Alajuela.



2. Lo hacemos apoyados en los principios éticos y legales de la prevención y la precaución, consignados en la Doctrina Social de la Iglesia (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, nn. 468 y 469), y también en el derecho que asiste a toda la población costarricense conforme al artículo 50 de nuestra Constitución Política, que dice: “Toda persona tiene derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado. Por ello, está legitimada para denunciar los actos que infrinjan ese derecho y para reclamar la reparación del daño causado. El Estado garantizará, defenderá y preservará ese derecho. La ley determinará las responsabilidades y las sanciones correspondientes."



3. Según lo han demostrado diversos estudios científicos, la minería química a cielo abierto tiene fuertes impactos negativos sobre el medio ambiente, principalmente en zonas de rica biodiversidad como la nuestra, tales como: la remoción de áreas de cobertura boscosa; la afectación de los suelos y de la geomorfología; la contaminación atmosférica por polvo, plomo y mercurio así como por la emisión de gases de efecto invernadero; la alteración del recurso hídrico superficial y subterráneo; el consumo y almacenamiento riesgoso de sustancias tóxicas tales como el cianuro; la afectación a la fauna y al paisaje; así como riesgos para la salud de los trabajadores y trabajadoras y de las comunidades circundantes, debido a los ya mencionados contaminantes.



4. Por lo que consideramos oportuno y de suma relevancia que se prosiga el camino iniciado y recorrido de políticas y esfuerzos por conducir el desarrollo de una manera más armoniosa con la naturaleza. En este orden, no debe pesar una visión utilitarista o economicista, sino más bien una seria valoración técnica y ética enfocada en el balance real de riesgos y de beneficios hipotéticos de una actividad, así como en su pertinencia para el bien colectivo. Sigamos apostando al modelo de desarrollo sostenible impulsado por el país y la política de paz con la naturaleza. Es importante se preste atención a los cuestionamientos y se analicen los efectos ambientales, sociales, económicos y legales perjudiciales del proyecto.



5. No es justo que un proyecto como este, donde el interés particular está sobre el bien común, divida nuestras comunidades rurales, sin medir que se trata de una riesgosa actividad y sin mirar la responsabilidad que se tiene con las futuras generaciones, como lo expresa el Santo Padre Benedicto XVI: “Los costes que se derivan de la utilización de los recursos ambientales comunes no pueden dejarse a cargo de las generaciones futuras.”1



6. Por todo lo anterior y con la mirada puesta en la búsqueda del mayor bien para nuestra querida Costa Rica, respetuosamente solicitamos al Señor Presidente de la República, Dr. Oscar Arias Sánchez, la derogación del decreto número 34801-MINAET, mediante el cual se da la declaratoria de interés público y conveniencia nacional del Proyecto Minero Crucitas, además de descartar todas las inversiones tendientes a la actividad minera metálica en todo el territorio nacional. También, que se declare una moratoria definitiva a la exploración y explotación minera metálica a cielo abierto en todo el territorio nacional, siguiendo el precedente marcado por el decreto 30477-MINAE durante el gobierno del Dr. Abel Pacheco de la Espriella, compromiso que pedimos abrace el nuevo gobierno que asumirá funciones este año y, por ende, a las personas que en la presente campaña electoral aspiran a dirigirlo. Igualmente, señalamos la imperiosa necesidad que se realice una revisión del Código de Minería de forma que, adecuándose a los nuevos requerimientos en la materia y a los intereses del pueblo de Costa Rica, responda a un enfoque de desarrollo sostenible.




Dios bendiga a todas las personas de buena voluntad que, con espíritu agradecido, reconocen en la naturaleza el don y el reflejo del Creador y hacen esfuerzos por administrar adecuadamente los bienes recibidos y preservar este maravilloso regalo.

San José, a los 12 días del mes de enero, año del Señor 2010.


Monseñor Hugo Barrantes Ureña,

Arzobispo de la Arquidiócesis de San José

Presidente
Monseñor Ángel Sancasimiro Fernández,

Obispo Diocesano de Alajuela

Monseñor Guillermo Loría Garita,

Obispo Diocesano de San Isidro de El General

Vicepresidente
Monseñor Oswaldo Brenes Álvarez,

Obispo Diocesano de Ciudad Quesada
Monseñor Óscar Fernández Guillén,

Obispo Diocesano de Puntarenas

Secretario General

Monseñor José Francisco Ulloa Rojas,

Obispo Diocesano de Cartago
Monseñor Vittorino Girardi Stellin,

Obispo Diocesano de Tilarán

Monseñor José Rafael Quirós Quirós,

Obispo diocesano de Limón

Tesorero
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Hacer la Cruz a Las Crucitas

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“Cuando firmé ese decreto fue porque fui informado de que se cumplieron todos los requisitos legales”. Con estas palabras el Presidente de la República, Óscar Arias, reafirmó que dio su aval al proyecto minero Las Crucitas, en Cutris de San Carlos, creyendo que cumplía con los requerimientos.


Bajo este supuesto, el Gobierno de la República firmó el Decreto 34801-MINAET (13 de octubre 2008) en el que se declaró de interés público y conveniencia nacional el Proyecto Minero Crucitas desarrollado por la empresa Industrias Infinito, S. A y por el cual, la empresa desarrolladora, previa autorización de la oficina correspondiente del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, podría proceder a la corta de árboles (inclusive de las especies que están vedadas) y al desarrollo de las obras de infraestructura en áreas de protección, según se indica en el proyecto.

Este hecho, como es de todos conocido, dio paso a una investigación abierta por el Ministerio Público por el posible delito de prevaricato, tanto contra el Dr. Arias como contra Roberto Dobles, Ministro del Ambiente.

No termina de sorprender que el mandatario defienda que, según su criterio, no pudo haber incurrido en ese delito por cuanto “distinguidos funcionarios” le informaron que “todo está bien” antes de estampar su firma en un decreto que, según los ambientalistas y técnicos en el área, da luz verde para el proyecto de minería a cielo abierto en una de las superficies de mayor biodiversidad de la zona norte de Costa Rica. Por lo visto, Don Oscar, por la confianza plena en sus subalternos, no fue capaz de escuchar la voz de cientos de ciudadanos, instancias nacionales y extranjeras que quisieron hacer conocer al Presidente los riesgos de esta actividad industrial.

Ya en clave posterior, el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica (UCR) ha hecho público un trascendental pronunciamiento en relación a este proyecto minero asumiendo a cabalidad uno de los principios orientadores de esta institución, a saber, el compromiso con el medio ambiente.

Esta misión ha llevado a la UCR a demandar al Gobierno de Costa Rica la derogatoria del Decreto en cuestión y detener lo que esta institución denomina el “ataque a la naturaleza que se está llevando a cabo en las Crucitas”: “El valor ecológico, científico y económico son pilares fundamentales para lograr un adecuado equilibrio entre el desarrollo humano y la protección de la biodiversidad nacional. Por tanto, es necesario analizar distintos factores y no solo estimaciones económicas, para determinar la conveniencia nacional de abrir los ecosistemas a la explotación minera”.

Como Iglesia, y así lo hace Monseñor Osvaldo Brenes, Obispo de Ciudad Quesada, (entrevista en página 17) no podemos dejar de insistir en la necesidad de una discusión sensata sobre el tema.

La Iglesia en su Compendio de Doctrina Social nos ha recordado que “un punto central de todo uso científico y tecnológico es el respeto por los hombres y mujeres, que debe acompañarse también de la necesaria actitud de respeto por todas las criaturas vivas” (No. 459). Por lo tanto, nuestro uso de la tierra no debería ser arbitrario y es necesario que esté inspirado por un espíritu de cooperación con Dios.

Al respecto, nos dice la Iglesia, el olvido de este principio suele ser la causa de acciones que dañan el medio ambiente. Reducir la naturaleza a “términos mecanicistas”, suele acompañarse por la falsa idea de que sus recursos son ilimitados, llevando a considerar el desarrollo en una dimensión meramente material, en la que se da el primer lugar “al hacer y tener en vez de al ser” (No. 462).

Teniendo la moral cristiana como soporte, alzamos nuestra voz para que evitemos el error de reducir la naturaleza a términos meramente utilitaristas.

La clave para evitar tales errores es mantener una visión trascendente. El cuidado del medio ambiente también entra dentro de la responsabilidad de asegurar el bien común, por el que la Creación se destina a todos.


Eco Católico - una visión cristiana del mundo


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"Ninguna ventaja material se compara con la vida"

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El Obispo de Ciudad Quesada, Mons. Oswaldo Brenes Álvarez, opina sobre la discusión que se ha generado en torno al "proyecto minero Crucitas", ubicado en Cutris de San Carlos, aprobado mediante decreto (34801-Minaet) el 17 de octubre.

El proyecto generó gran polémica y tan solo tres días después de firmado el decreto, la Sala Constitucional acogió un recurso de amparo y ordenó suspender lo establecido en él, hasta que emita su pronunciamiento.



Los ambientalistas afirman que el daño ambiental en Crucitas impactará a la población de lapa verde, por la tala del almendro amarillo, mientras que la empresa Industrias Infinito S.A, y el Ministro de Ambiente, Roberto Dobles, aseguran que en ese sector no hay lapas y destacan el compromiso de reforestación de la empresa.

María Estela Monterrosa
mmonterrosa@elecocatolico.org

¿Cómo resume la posición de la Iglesia respecto a esa práctica?
El tema ha estado ajeno, hasta ahora, de mis preocupaciones pastorales pues tengo apenas seis meses de haber llegado a la región y anteriormente ni en el Seminario ni en mi Diócesis conocía sobre el mismo. No conozco, en este momento, cómo lo ha abordado la Iglesia. Estoy enterándome.

Según la Doctrina Social de la Iglesia, ¿cómo debe ser la actitud del Cristiano hacia el medio ambiente?
En general, por lo dicho por el Papa y sobre todo en las orientaciones de los Obispos Latinoamericanos emanadas de la V Conferencia en Aparecida recordamos los números del 470 al 474 del Documento final: "Como discípulos de Jesús nos sentimos invitados a dar gracias a Dios por el don de la creación, reflejo de la sabiduría y belleza del logos creador….por eso el ser humano debe hacer uso de ella con cuidado y delicadeza A. 470. También hace ver que en América Latina y el Caribe, se está tomando conciencia de la naturaleza como una herencia gratuita que recibimos para proteger, como espacio precioso de la convivencia humana y responsabilidad del Señorío del hombre para bien de todos".

Por otra parte aclara que: "Esta herencia se manifiesta muchas veces frágil e indefensa ante los poderes económicos y tecnológicos". Y por eso nos recuerda que: "Como profetas de la vida, queremos insistir que en las intervenciones sobre los recursos naturales no predominen los intereses de grupos económicos que arrasan irracionalmente las fuentes de la vida" A. 471. La Iglesia agradece a todos los que se ocupan de la defensa de la vida.

En Aparecida se dice que: "La riqueza natural de América Latina y del Caribe experimenta hoy una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación e incluso de muerte por toda la región….por el desmedido afán por la riqueza, por encima de la vida, de las personas y de los pueblos y del respeto racional por la naturaleza…devastación de los bosques etc". A. 473.

¿Ha tenido algún acercamiento con la empresa que pretende extraer el oro de las Crucitas?
Una de las primeras audiencias de mi gestión como Obispo me la solicitaron los representantes en Costa Rica del proyecto. Me presentaron su plan y lo que hasta ahora estaban haciendo para beneficio de los vecinos y su proyección social. Me entregaron un material muy interesante y su invitación para que visitara el lugar.

¿Qué opina de los argumentos de quienes defienden la minería sobre la generación de empleo y el compromiso de reforestación?
Que están en su derecho de hacerlo. O no conocen los alcances del proyecto o han aceptado las consecuencias. En cuanto al empleo y reforestación, que cumplan con lo que prometen es otra cosa, pero no lo sabremos sino hasta que lo veamos. No puedo juzgar a priori.

Y sobre los argumentos de quienes están en contra, como la posible contaminación con cianuro y la pérdida de los sistemas de vida silvestre ya existentes, ¿Qué piensa?
Lo mismo, en una democracia tenemos derecho a disentir de otros, lo importante es que los argumentos estén basados en estudios serios, creo que se han hecho esfuerzos en ese sentido por lo que los mismos me han sido presentados por aquellos que adversan el proyecto. Si es como lo afirman tienen razón de dar una lucha necesaria para hacer recapacitar. Por lo menos para crear conciencia del daño que se puede hacer.

En el Salvador los Obispos se han pronunciado firmemente en contra de la minería que emplea químicos como el cianuro por considerar que causa daños irreversibles. Ahora, que esta situación se vive en su Diócesis. ¿Cuál es su opinión sobre el asunto?
Seguramente los Obispos de El Salvador han tenido ya la experiencia y han sido asesorados por expertos. Han sido todos los Obispos, no un Obispo en particular y han expresado su inquietud. Claro que, como ellos cualquiera de nosotros y un servidor, por consiguiente, si se trata de que la vida del ser humano y la naturaleza están en peligro, aunque se puedan obtener algunos beneficios económicos, no debe permitirse la explotación minera. Ninguna ventaja material se puede comparar con el valor de la vida humana.

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